En primera persona: Richard Palmiter

13 05 2008

Lo asalto en la ceremonia del “wine tasting” de cada viernes, una tradición de unos cuatro años de antigüedad que sirve como excusa para reunirse todo el grupo y degustar buen vino y queso, una prueba fehaciente que no todo es trabajo y más trabajo…

Aunque no del todo, si de algo sirven estos momentos de relax es para describir, de manera desahogada, cómo nos ha ido la semana, los problemas que olvidar en alcohol (poco), o los éxitos por los que brindar… una manera de plantear dudas, soluciones y nuevas ideas…

Y, evidentemente, cuando finalice la ceremonia, volverá a su poyata de la Universidad de Washington, en Seattle, de donde ha salido explícitamente para la ceremonia del vino, la poyata en la que le puedes encontrar casi a cualquier hora, los siete días de la semana.

A cualquiera que se le diga que Richard Palmiter tiene ya 66 años y sigue pasando más tiempo en la poyata que cualquier becario, seguramente pensará que no puede ser, pero así es… disfruta de lo que hace, y lo seguirá haciendo mientras el cuerpo aguante… Citando sus propias palabras, “nunca he visto la ciencia como un trabajo, esto es un juego” y, la verdad, es que es un juego que se le ha dado muy bien…

Uno de los pioneros en la generación de animales transgénicos, miembro desde 1976 del prestigioso Howard Hughes Medical Institute, una institución que cuenta únicamente con unos 300 investigadores, todos de primer nivel, miembro electo de la National Academy of Sciences de los Estados Unidos desde 1988… y un sinfín de premios imposibles de enumerar en estas pocas líneas…

Pero lo importante, lo primero que destaca, es su humildad… Es brillante, y lo sabe, todo el mundo lo sabe, pero nunca tratará a nadie como si no estuviera a su nivel, es más, si por algo se caracteriza, es por pensar en la ciencia como una manera de colaborar por un bien común, en vez de por el bien propio…

Un objetivo encomiable, pese a que quizás, en este mundo con tendencia a ensalzar egos, le haya costado el Nobel de Fisiología o Medicina, otorgado este año a científicos coetáneos suyos en el desarrollo de animales transgénicos. Sin embargo, si le preguntas sobre el tema, no tiene más que palabras de aprobación: “Tanto Smithies como Evans como Capecchi desarrollaron herramientas imprescindibles para el desarrollo de la tecnología”.

Es evidente que considera que él podría estar ahí, pero no por encima de ellos, en un gesto que le honra.

Sinceramente, el día a día con historia viva de la Biología Molecular es un motivo de satisfacción, una oportunidad extraordinaria para empaparse de los valores que la ciencia tuvo un día y que, por mucho que los tiempos cambien, todavía hay gente como Richard Palmiter que se esfuerzan en mantener vivos.

Tomemos como ejemplo sus palabras y disfrutemos de este juego, sin prisa, pero sin pausa.

Aunque sea con un buen vino del estado de Washington en las manos.


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